Pontificia Universidad Javeriana
Información y documentación
Margarita Romero
Reseña: Capítulos 7,8,9 y 10
Mayo 8 de 2013
Alguna vez, el neurocientífico estadounidense Gary Small dijo estas palabras: "la actual explosión de la tecnología digital no está cambiando sólo la forma en que vivimos y nos comunicamos sino que también esta alterando rápidamente nuestros cerebros". Es esta la frase con la que quiero comenzar este escrito puesto que es totalmente cierta y evidenciable.
Aquí estoy yo. De nuevo frente a la pantalla escribiendo una reseña. Pero, a la vez estoy haciendo mil y un cosas más. Estoy viendo una de mis películas favoritas, reviso Facebook de vez en cuando, veo las últimas fotos que han subido a Instagram, escucho música y estoy hablando con mi mamá por celular. No se como puedo hacer, o más bien como el ser humano puede hacer tantas cosas al mismo tiempo. Tampoco entiendo en que momento el hombre se obsesionó tanto con la red a tal punto de alterar la mente humana. Me doy cuenta de cómo ya el hombre ha creado una rutina involuntaria del día a día, al punto de casi sentir que la red y computador hacen parte de nosotros, como si no hubiera poder que pudiese separarlos de nuestro cuerpo y de nuestra mente. Por ejemplo, lo siguiente es mi jornada diaria. Mi despertador suena, cojo el celular, reviso que nadie me haya hablado durante la noche, luego me baño, me cambio y mientras desayuno reviso Twitter. Cuando llego a la universidad, mientras estoy en clase, hablo por Whatsapp y por el chat de Facebook y cualquier cosa que tengo que saber inmediatamente la consulto en Google. Al llegar a mi casa enciendo el computador para empezar a hacer tareas, pero mientras tanto también prendo el televisor para ver si están pasando alguna película que me guste o simplemente me pongo a ver canales de cocina. Cuando me aburro de ver televisión regreso a hacer mis tareas, mientras escucho música, y sigo hablando a través de las redes sociales. A las 11 de la noche cuando me voy a dormir reviso Twitter por última vez y por fin después de un largo día voy a descansar. ¿Son demasiadas cosas en el día no? Y yo no soy la única que lleva una vida así.
Aunque no entiendo como hay momentos en los que hacer muchas cosas simultáneamente se me hace fácil, existen otros en los que sencillamente mi cabeza no da. Recuerdo estos últimos días en los que estaba con una amiga. Yo escuchaba su voz de lejos pero mi cerebro se encontraba totalmente inmerso en una sola cosa: el chat de mi celular. Después de 2 minutos en los que ella me hablaba, hubo un momento en que me gritó y yo reaccioné. Quede sorprendida por la falta de atención que tuve en ese momento, pero además me quede pensando en que tal vez es cierto lo que muchos profesores dicen. Me dí cuenta de que muchas veces cuando estamos online nos mostramos ajenos a todo lo que acontece a nuestro alrededor.
Como es notable, en este semestre que he venido percibiendo ciertas cosas de las que antes no me había percatado, también empecé a notar la dificultad que tengo al leer textos de Internet. Puedo comenzar diciendo que tengo la grave necesidad de subrayar el texto, de sentirlo entre mis manos, de olerlo, ya que si no es así siento que no entiendo nada, lo cual es un grave error, pues con el transcurrir del tiempo cada vez existirán más y más libros virtuales, cosa que no es de mi total agrado. Y esto, más que todo en cuanto a las novelas, ya que se me hace casi imposible leerlas por la cantidad de distracciones y cosas que tiene, a pesar de tener la capacidad muchas veces de concentrarme en varias cosas a la vez. Pero algunas de estas cosas están mal, según varios estudios que se han realizado, estar acostumbrados a esto no está bien, primero porque, como lo había mencionado anteriormente, en un futuro habrán menos libros físicos y debemos empezar a acostumbrar nuestro cerebro a la otra forma de lectura, y además porque ciertas investigaciones han afirmado que el subrayado es una mala técnica, lo que importa es la nota que se toma al pie, el comentario que se escribe al lado. Me di cuenta que es muy distinto leer por Internet, ya que, en parte gracias al hipertexto y a la hipermedia, la mente está en ebullición, está buscando aquí y allá y no para de leer y de dar saltos por doquier. Mientras que cuando leemos libros la mente es mucho más serena, más lineal y tenemos la capacidad de mantenernos concentrados en una sola cosa durante más tiempo.
Luego de todo este análisis de la cotidianidad del hombre, es relevante retomar la frase expuesta en el principio y es posible confirmar con gran certeza que lo que el famoso neurocientífico Small afirmó es algo totalmente acertado: la red hizo lo que quiso con el ser humano, lo cogió, obtuvo su información y ahora nosotros nos hemos convertido casi en un parásito de ésta, estamos obsesionados.
En conclusión, definitivamente hay que concebir el Internet como el último de los inventos porque es la extensión de nuestro sistema nervioso central. La red podría ser la más potente tecnología de alteración de la mente humana que jamás se haya usado de forma generalizada, y a causa de esto, tenemos que estar disponibles 24/7 para la tecnología y las redes, porque querámoslo o no este es nuestro presente, es nuestro futuro y entre más tiempo pasen y nuevos descubrimientos se hagan, nuestro cuerpo y nuestro cerebro van a evolucionar cada vez más.
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